Cronicas del Sur

Maestro de Maestros

17.01.2009

En esta semana que está por terminar, conversé con mis estudiantes universitarios acerca de los vocablos que define a la profesión del docente, les decía que más allá de los términos (maestro, educador, profesor, licenciado), está la misión de enseñar.
En todo adulto, siempre hay el recuerdo de un docente, quien influye para siempre en la conducta. He allí la importancia y responsabilidad de un educador, debe saber que está sembrando y, tal como lo dijo Cristo, "por los frutos los conoceréis".
En mis 20 años de docente en el Instituto Pedagógico de Maturín, he tenido un gran aprendizaje y la oportunidad de observar los diferentes tipos de docentes y veo claro la misión de Jesús, maestro de maestros, quien en tan poco tiempo pudo inculcarle a sus discípulos, la gran labor que tenían por delante, quienes debieron remontar pueblos, traspasar mares y sabanas, para transmitir lo aprendido. Cristo, al contrario de muchos de hoy día, no asumió el papel de imprescindible, más por el contrario, como buen maestro, confió en sus apóstoles (alumnos), para irrigar en el mundo la sabiduría encomendada.
Un buen maestro debe tener siempre presente el legado del Hijo de Dios; debe enseñar y dejar que las generaciones que le suceden, asuman sus responsabilidades. No puede ser maestro quien mancilla a sus discípulos con el verbo y acción. El buen maestro disfruta con el éxito de sus alumnos; se agiganta con la superación de sus educados, pues allí está la grandeza de la enseñanza: trascender en la misión de lo forjado. No puede ser maestro quien se enquista en la posición de ser imprescindible, cercenando el desarrollo generacional. La experiencia adquirida en su transitar, no debe ser para torpedear, desmembrar o mantenerse en el ejercicio insano de la mezquindad.
Mi memoria se nutre al recordar a personas que forjaron mi accionar. Viene a mi mente una excepcional maestra de mis primeros años, Maritza Milano, quien se apersonó un buen día en Barrancas del Orinoco, proveniente de otros lares. Ella cambió mis paradigmas de un educador. Recuerdo perfectamente, que más allá de las aulas, seguía siendo maestra. Una vez me dio lechina, y mi sorpresa y alegría fue, ver a mis compañeros llegar con la maestra a mi hogar de la calle Miranda.
Debo reconocer el empeño, el trabajo y la confianza que depositaron en mi persona, los profesores Juan y Widburga Guevara, quienes me adoptaron como familia en mi transitar universitario, cultores de la gimnasia en Monagas, docentes del Pedagógico de Maturín en la especialidad de Educación Física, en ésta semana tan especial, quiero decirles, muchas gracias, siempre les tengo presentes en mi mente y corazón.
Profesores como Carlos Trillo, quien no tiene mezquindad de ningún tipo a la hora de contribuir al desarrollo profesional de cualquier alumno, es necesario destacar.
El Pedagógico de Maturín, sigue siendo Alma Mater de la docencia en el oriente del país. Nos toca a todos la responsabilidad de enaltecer su gestión forjadora de hombres y mujeres que toman el camino de la enseñanza. Profesión de vocación y sacrificio, pero de inmensa trascendencia en la vida de los pueblos.
Nos vemos la próxima semana, en algún lugar de nuestra querida Venezuela. yolapinto@yahoo.es


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